Envases sostenibles: El origen y la evolución del plástico

La era del plástico está llegando a su fin, o al menos como lo conocíamos hasta ahora, ya desde los años 70 se cuestiona el uso indiscriminado de estos materiales y se echa el freno a una producción masiva que tiene un impacto no deseado en el entorno.

Para entender la situación que nos rodea frente a la situación de los envases plásticos hay que empezar por el principio, conocer su origen y su uso, entendiendo qué necesidades ha estado cubriendo y cuáles han sido fundamentales para el desarrollo.

El aprovechamiento del látex y del caucho natural para diferentes aplicaciones y la investigación de sus propiedades generaron un interés creciente en estos últimos 200 años, aunque su descubrimiento es anterior por las culturas mesoamericanas en el año 1600 A.C.

Las resinas naturales son utilizadas por las plantas que las producen para tapar las heridas que tienen y evitar la entrada de organismos patógenos o peligrosos dentro de la planta.

A partir de las resinas comenzó la historia de los materiales poliméricos que fueron denominados más tarde como materiales plásticos, siendo el “plástico” un estado químico que se caracteriza por su viscosidad y fluidez siendo muy interesante para diferentes procesos por la facilidad de manipulación y resistencia.

Estos materiales han sido y son utilizados por múltiples industrias para todo tipo de usos, la industria del automóvil, armamentística, textil, construcción, y así en todas y cada una de las industrias que conocemos hoy en día.

El plástico se convirtió desde la segunda guerra mundial, donde encontró su máximo esplendor, en un material con el que se podía experimentar todas las posibilidades y que era una forma fácil y barata de diseñar objetos para una sociedad cada vez más consumista.

 Los materiales “plásticos” y la industria alimentaria

La industria alimentaria también añadió el plástico como sustitución de materiales más difíciles de manejar y más caros de producir, además la versatilidad de estos diseños aumentó la capacidad de ofertar productos diferentes cada día.

No es la industria alimentaria la que utiliza más materiales plásticos sin embargo hay varias características intrínsecas al uso que la industria alimentaria ha hecho de estos materiales y que las diferencias en algunos aspectos.

El primero es la seguridad del alimento. Los envases o contenedores del alimento responden a la necesidad de mantener al alimento estable y aislado de fuentes de degradación como puede ser la luz, el oxígeno y la humedad, con esto está asociada la caducidad del producto.

El segundo es la imagen y comunicación de los ingredientes y propiedades del producto al consumidor.

El uso de plástico se adaptó de forma muy eficiente a satisfacer las condiciones de aislar los alimentos a los factores que los degradan, descritos en la primera y más importante característica que se le pide a un envase, el mantenimiento de la seguridad y calidad organoléptica del producto.

Otra de las condiciones que se le exigió a este tipo de materiales fue la de que no fuera tóxico y no se migraran sus componentes al alimento que contenían, algo que no fue exigido hasta hace no muchos años porque no se había descubierto su posible toxicidad y relación con enfermedades como la disrupción endocrina o la acumulación de tóxicos en el cuerpo.

Las nuevas legislaciones y los ensayos que se realizan a todos los plásticos en contacto con los alimentos aseguran su inocuidad y su flexibilidad a la hora de formularlos para adaptarlos a las necesidades del mercado.

Sin embargo, a estos materiales no se les exigió algo muy importante y que es ahora nuestro mayor foco de atención, que su forma de degradación fuera orgánica o fuera un material que se pudiera usar más de una vez.

Los materiales plásticos por su definición anterior eran materiales destinados a un uso efímero y temporal, sin evaluar su futuro.

Nadie lo había planteado, el futuro o lo que ocurría después de usar este material a nadie le importó estudiarlo.

La materia prima era barata y no hacía falta volver a usarla. El material se desechaba y se creó un sistema de recogida para eliminar el desecho producido y acumularlo, quemarlo o enterrarlo.

Pasados los años la recogida y almacenamiento de estos “desechos” se ha convertido en uno de los problemas principales que afectan a la salud mundial, tanto medioambiental como social y económica.

Sostenibilidad y economía circular

En los últimos años y por la necesidad de realizar un cambio completo a la forma de producir, se estudia el cambio de este tipo de material por otros que puedan formar parte de una economía circular.

Hay un cambio de mirada y de perspectiva buscando la solución a un problema que lleva años generándose.

Todo “bien” producido se analizará desde una visión completa y el objetivo será extender al máximo la utilidad y el valor de los productos, elementos y recursos en general, y está inspirada en el modelo cíclico de la naturaleza, donde nada se desperdicia y todo toma una nueva utilidad.

Los envases han de diseñarse y producirse buscando la eficiencia y con la mirada puesta en su reutilización o en el caso de que no se pueda, su reciclado o degradación natural.

La industria para responder a esto comienza a desarrollar nuevos materiales que deben de cumplir la premisa de proteger el alimento y mantener sus características, así como ser fáciles de transportar y mantener los costes de producción más o menos igualados.

El consumidor quiere un cambio de material, pero según las encuestas no acepta un cambio en las características del producto como el color o la caducidad y tampoco quiere renunciar al precio.

 Entre las opciones se trabajan varios tipos de materiales, los reciclables, donde se optimiza el material usado en la protección del alimento y se eliminan las combinaciones híbridas de materiales, dejándolo en un solo material para que su reciclabilidad aumente de un 10% a un 100%.

Otras opciones son los materiales biodegradables y compostables, estos “materiales plásticos” biodegradables están diseñados para descomponerse en plantas industriales de compostaje, donde se pueden alcanzar altas temperaturas de manera constante.

El PLA por ejemplo es un plástico compostable que se descompone y se convierte en CO2 y agua en un periodo de tres meses, siempre y cuando se utilice una planta industrial de compostaje.

A diferencia de los plásticos a base de petróleo, el material compostable de PLA está hecho de un material llamado ácido poliláctico presente en plantas como el maíz y la remolacha azucarera y no produce ningún desecho tóxico.

Los plásticos compostables (según la norma UNE-EN 13432:2001) solo se etiquetan como tal si cumplen con condiciones específicas de temperatura, nivel de humedad y tiempo de descomposición.

Los plásticos biodegradables también pueden degradarse con la ayuda de microorganismos y enzimas en condiciones ambientales naturales, convirtiendo el plástico en CO2, metano, agua y biomasa. Pero a diferencia del plástico compostable, no existe un plazo establecido para su degradación ni un requisito legal con respecto a los residuos tóxicos. Por lo tanto, su descomposición completa puede llevar años (posiblemente incluso cientos de años). Y, al igual que los plásticos tradicionales, podrían filtrar sustancias químicas tóxicas en el ecosistema.

Elegir entre un material reutilizable, reciclable o compostable irá en función de las necesidades del alimento, fabricación y las exigencias del consumidor.

Los materiales compostables pueden utilizarse para productos menos perecederos puesto que las caducidades que se obtienen con estos materiales no son iguales que con otros materiales.

Poner en la etiqueta que un producto es compostable no hace que este producto sea mejor ni más sostenible.

Nadie quiere pagar más por unos ingredientes compostables si no tiene el uso correcto, el estudio de cada uno de los productos en todas sus fases será lo que genere un verdadero impacto y un cambio en el sistema de producción.

María J. Herrero Salas.

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